13.1.12

Música.

Hoy las notas cambian. Hoy el baile se vuelve lento, sugerente. Hoy el fuego va creciendo lentamente de temperatura para poner a prueba tu paciencia.

Te apoyas contra el armario. Te noto confiado, pero pronto esa confianza caerá junto al resto de tu ropa. Me acerco lentamente mientras me muerdo el labio. Sé que te encanta ese gesto, el movimiento de tu nuez al tragar saliva me da luz verde para acercar mis labios a la piel de tu cuello y respirar sobre tu oreja sin tocarte. Todavía.

Pero las notas suben de intensidad, y los violoncellos vibran al tiempo que mis manos recorren tu espalda, arañándote mientras me muerdes el hombro hasta hacerme jadear. Me separo de un golpe y te agarro la camisa mientras con la otra mano desabrocho el botón. Tu mirada baja a mi cadera, y aprovecho para tirar de ti y girar, bailar por un momento contigo hasta quedar de espaldas al armario. Te acercas. Otro botón que escapa. Tu camisa se abre y mis manos buscan tu pecho mientras besas de nuevo mi cuello, rozándole con la lengua suavemente y mordiendo con lentitud al ritmo de la música. Tus pantalones esperan en una esquina, los míos se arremolinan en torno a mis tobillos desnudos.
Volvemos a bailar
-veo que aprendes los pasos, cariño...-
y caigo de espaldas sobre la cama. 
Pero lo he conseguido. Tus dedos recorren la silueta de la oscura salamandra que trepa por mi piel buscando un poco de libertad. Pobre salamandra. No sabe que ya está presa, al igual que tú. Mis manos bajan, sujetan tus caderas y terminan de quitarte la ropa.

Los violoncellos dan paso a las guitarras mientras la música se hace intensa, ardiente. De espaldas sobre las ansiosas sábanas, desnuda a excepción de una solitaria salamandra, vuelvo a tirar de tu cadera mientras juego con mi lengua sobre tu pecho.

Jadeas. Me excita. Me muerdes. Suspiro.
                                                             Tu cuerpo. Gemidos.

La música ♥

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