Tienes
suerte...
El
último en salir cierra la puerta y tú te lanzas a por mí. La
lujuria nos envuelve mientras tus manos desabrochan mi chaqueta y se
introducen entre la ropa y mi piel. Tus labios buscan los míos
-veo
que conoces el poder de un beso-
y
sin dudar me muerdes los labios mientras tus manos ascienden hasta mi
pecho.
Cariño,
el aire está agitándose deseoso de participar... Se cuela por mi
garganta, y gimo, y te excita, y me muerdes el labio inferior de esa
manera en la que sabes que no me negaré. Mis manos te levantan la
camiseta, y mis dedos arañan tu espalda intentando introducirse
debajo de tu piel para excitarte al máximo. El primer botón de mi
pantalón cede. Arqueo la espalda, y tú aprovechas para introducir
tu mano entre mis piernas. Las
sábanas nos llaman suplicantes, deseosas de poder bañarse en la
perversión que nos rodea... pero tienes otros planes, y cariño,
esta vez te voy a dejar las riendas.
Sin
dejar de introducir los dedos en mí me tumbas sobre el sofá. Mi
blusa cae al suelo, uniéndose a ella tu camiseta en un alarde de
solidaridad. Deslizas tu boca sobre mi pecho. Arqueo la espalda. La
luz tintinea, excitada. La luna nos mira, muriéndose de ganas de
introducirse entre
-tus
piernas-
nuestros
cuerpos. Te paro un momento. Me muerdes el cuello. Me rindo.
Y
un, dos, tres... comienza el baile.
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