¿Eso
ha sido una sonrisa? Intentas ocultar que tú también me
necesitabas, pero conozco tu cuerpo, cariño. Esa manera de entornar
los ojos me pide que me lance a tu cuello para quitar de en medio esa
molesta camisa. Ah, pero hoy el baile es diferente, hoy el ritmo se
vuelve más salvaje mientras me siento sobre tus caderas y recorro la
autovía que baja desde tu cuello. El aire de la habitación se
agita, parece nervioso. Está excitado al ver el desenfreno que
recorre tu piel y se detiene en mis muñecas. Pobre aire, sabe
moverse entre los bailarines, acariciarles, excitar cada poro de su
cuerpo... pero no puede bailar.
Demuéstrame
que tú sí que puedes.
¡Eh!
Esa manera de encadenarme a las sábanas ha estado muy mal por tu
parte... pero nadie te ha dicho que me sueltes. Jadea, aráñame,
demuéstrame que la música te gusta, pero no te olvides de bailar a
la vez. Acércate, quiero sentir el sabor de tu cuello mientras te
cuento al oído la calidad de la apuesta que vas a perder esta tarde.
¿Tengo todavía ropa encima? Eso habrá que solucionarlo...
Mañana
la ropa mendigará atención, pero hoy olvídala y atrévete a
recorrer la línea que se esconde bajo la cintura de mis pantalones.
(No
hace falta que caiga la noche para que salgan las estrellas a
observar...)
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