17.6.11

Rojo fuego

La noche es larga, y hoy quiero bailar hasta caer rendida entre las sábanas... y entre tus brazos.

¿Sabes? Ayer Luna se puso colorada al ver lo que pasó. Yo creo que fue culpa de tus besos. Ya te lo advertí, pero tus labios siguieron suavemente el calor de mi piel hasta llegar a mi cadera, y esas manos tan traviesas entrelazaron las mías para sujetarme bajo tu cuerpo. Pobre Luna, tan sola en el cielo, y con tanta tentación delante... Seguro que se puso roja sólo de pensar en unirse al baile de piernas y miradas. Pero hoy es diferente. Porque ayer me dejé, pero hoy quiero lanzarme sobre ti.

¿Ves? me he arreglado para ti, incluso me he puesto los tacones que tanto te gustan. Rojo pasión, dicen. Prefiero el rojo fuego. El fuego que me gusta encender en tu mirada cuando lentamente deslizo el tirante del vestido mientras te miro de reojo. El fuego que recorre mi pecho cuando me muerdes el cuello por detrás y me miras de esa manera incitante que tienes. El fuego que prendemos a la habitación con cada pieza de baile.

Me encanta el fuego. Las llamas pueden acariciar suavemente la madera, ir encendiéndola hasta que ésta acabe explotando con un gemido para deshacerse entre las lenguas de fuego. Pero también saben incendiar, y hacer que todo lo que las rodee se inflame y arda por su culpa. Ay, cariño, te queda tanto por aprender...


Hoy quiero ser buena, hoy quiero ser llama, y poder recorrer tu cuerpo con mi boca para empezar poco a poco. Pero claro... si nos ponemos al rojo vivo... a lo mejor la llama pasa a ser incendio.

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