La
noche es larga, y hoy quiero bailar hasta caer rendida entre las
sábanas... y entre tus brazos.
¿Sabes?
Ayer Luna se puso colorada al ver lo que pasó. Yo creo que fue culpa
de tus besos. Ya te lo advertí, pero tus labios siguieron suavemente
el calor de mi piel hasta llegar a mi cadera, y esas manos tan
traviesas entrelazaron las mías para sujetarme bajo tu cuerpo. Pobre
Luna, tan sola en el cielo, y con tanta tentación delante... Seguro
que se puso roja sólo de pensar en unirse al baile de piernas y
miradas. Pero hoy es diferente. Porque ayer me dejé, pero hoy quiero lanzarme sobre ti.
¿Ves?
me he arreglado para ti, incluso me he puesto los tacones que tanto
te gustan. Rojo pasión, dicen. Prefiero el rojo fuego. El fuego que
me gusta encender en tu mirada cuando lentamente deslizo el tirante
del vestido mientras te miro de reojo. El fuego que recorre mi pecho
cuando me muerdes el cuello por detrás y me miras de esa manera
incitante que tienes. El fuego que prendemos a la habitación con
cada pieza de baile.
Me
encanta el fuego. Las llamas pueden acariciar suavemente la madera,
ir encendiéndola hasta que ésta acabe explotando con un gemido para
deshacerse entre las lenguas de fuego. Pero también saben incendiar,
y hacer que todo lo que las rodee se inflame y arda por su culpa. Ay,
cariño, te queda tanto por aprender...
Hoy
quiero ser buena, hoy quiero ser llama, y poder recorrer tu cuerpo
con mi boca para empezar poco a poco. Pero claro... si nos ponemos al
rojo vivo... a lo mejor la llama pasa a ser incendio.
No hay comentarios:
Publicar un comentario